Películas que inspiran liderazgo. Bichos

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Ademas es un claro ejemplo, cuando hay un desgobierno, las responsabilidades y fallos están repartidos erróneamente…….en una situación como la del saltamontes, el líder se hace cargo directamente de las fallas y errores, pero los logros, son logrados por todos dice el, mas adelante, en la película.

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Las decisiones se comunican


En algún otro post he hecho referencia al libro de Paco Muro “Ir o no ir”. Un pequeño compendio de historias cortas que tratan sobre distintas situaciones en las que nos podemos encontrar en el día a día de la empresa. Una de esas historias se refire a cómo debemos transmitir a nuestra organización las decisiones que tomamos.
Básicamente la historia nos muestra las discusiones de un consejo de dirección de una empresa, están debatiendo la manera de vender al resto de la empresa una serie de decisiones importantes para el desarrollo del negocio y cómo evitar una reacción negativa a esas decisiones. La conclusión final de esta historia es que las decisiones se comunican, no se venden, ni se anuncian.

La toma de decisiones es, en esencia, un proceso. Requiere un análisis previo y un razonamiento para poder llegar a la conclusión final y no puede obedecer a criterios arbitrarios. Anunciar o vender nuestra decisión puede dar esa impresión de arbitrariedad, de que hemos optado por la solución que más nos conviene y que hay que hacerlo así “porque el que manda, manda” y que, en todo caso, queremos adornarlo. Si la decisión es impopular generaremos un rechazo y dará la impresión de que no hemos barajado otras alternativas.
La manera de comunicar a la organización nuestra decisión parte del mismo proceso que nos lleva a esa conclusión. Si hemos sido capaces de elegir esa opción, y estamos convencidos de que es la más acertada, lo que hay que transmitir con convicción son esos mismos razonamientos.
Debemos de tener en cuenta que no existe la decisión perfecta, sino la más adecuada. Siempre puede haber alguien que no esté de acuerdo con ella, que se vea perjudicado o, incluso, que se niegue a aceptarla. Por eso debemos estar seguros de lo que comunicamos y cómo lo hacemos, de esa manera minimizaremos ese impacto negativo.
Como cuenta esta historia “cuando las personas entendemos por qué hay que hacer algo, nos implicamos más y trabajamos mejor”. La buena comunicación es esencial para una organización y transmitir bien, claramente y razonadamente como hay que hacer las cosas es el primer paso.

Prepara tus objetivos en treinta días. (II)

6. Conoce tus motivaciones, y asegúrate de que son fuertes

Una parte importante de tu “Hoja de ruta” debería detallar, como hemos comentado antes, cuál es tu principal motivación para cambiar, y qué otras motivaciones encuentras dentro de tí mismo para impulsar ese cambio.

Quizás quieras cambiar para demostrarte a tí mismo de lo que eres capaz, o para demostrárselo a tu familia. Quizás quieras cambiar porque necesitas sentirse mejor contigo mismo, o porque quieres ascender en tu trabajo. La mayoría de las motivaciones son muy legítimas, pero debes conocerlas antes y comprometerte.

7. No empieces enseguida

Una vez que has trazado tu “hoja de ruta”, tómate unos días para evaluar lo que vas a hacer, a reflexionar sobre el cambio. Anota en tu calendario una fecha en la que se den las condiciones ideales para empezar, y conviértelo en el primer día, un día importante, no uno más.

8. Conoce los obstáculos que te rodean

El camino al cambio, cualquier clase de cambio, no es sencillo. En primer lugar deberemos enfrentarnos a los obstáculos que nosotros mismos nos imponemos, sobre todo los derivados de la falta de motivación, el anclaje a viejas rutinas, nuestro “ya lo haré mañana”.

En segundo término, es probable que también tengamos que enfrentarnos a obstáculos externos, a personas que no nos ayudan, o a circunstancias inesperadas que pueden entorpecernos el camino.

Muchas de estos obstáculos son previsibles. Nosotros nos conocemos mejor que nadie, y sabemos cuándo hemos fallado anteriormente y qué ha motivado dichos “fracasos”. Al conocer los obstáculos que nos esperan, nos estamos anticipando, y por lo tanto podemos empezar a actuar desde ya.

9. Identifica las circunstancias adversas

¿Qué es lo que motiva que fracases al alcanzar tu objetivo? ¿En que circunstancias te ves rodeados cuando esto pasa? 

Por ejemplo, si tu objetivo es dejar de fumar, puede que descubres que sueles fumar cuando tomas café, cuando bebes alcohol, después de una reunión especialmente estresante, cuando conduces, etc. Identifica cuáles son esas circunstacias en tu caso y prepárate para combatirlas.

10. Cambia las circunstancias adversas

Si descubres que como en el ejemplo anterior sueles fumar mientras te tomas un café por las mañanas, quizás podrían intentar cambiar tu desayuno, tomar menos café y optar por un zumo de naranja.

Si sabes que cuando quedas con Manuel te fumas un paquete de tabaco entero, intenta no llevar tabaco encima cuando quedas con él. Al cambiar las circunstancias que nos rodean, ayudamos al cambio del hábito.

Prepara tus objetivos en treinta días. (I)

No vamos a engañar a nadie: cambiar un hábito o una rutina no es fácil. Requiere determinación, y contar con un plan meditado que incluye qué es lo que queremos cambiar, cuál es nuestra motivación para el cambio, prever los obstáculos y dificultades que podemos encontrar, etc. Y sin embargo, cambiar ese hábito, mejorar en ese otro aspecto, no es tan complicado si realmente te lo propones. ¿Quieres saber cómo? Vamos a descubrir una “infalible” receta de 10 pasos para poder cambiar, y cumplir con tus objetivos.

1. Haz una cosa a la vez

No es fácil cambiar un hábito que lleva arraigado en nuestra vida durante muchos años, por lo tanto, cuando hablamos de introducir ciertos cambios hemos de ser cautos. No tendremos éxito si lo que queremos es cambiar muchas cosas de golpe. En realidad funciona mucho mejor dar pequeños pasos, y centrar nuestros esfuerzos en un sólo cambio.

2. Empieza poco a poco

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Cuando se trata de abrazar nuevos estilos de vida, adquirir nuevas rutinas, o cambiar la forma en la que trabajamos, tendremos muchos mejores resultados si empezamos por pequeños cambios, aunque el objetivo sea mucho mayor. 

Si por ejemplo queremos tener para nosotros más tiempo disponible antes de ir a trabajar fracasaremos estrepitosamente si lo primero que hacemos es poner nuestro despertador a las seis de la mañana en vez de a las siete y media como estábamos acostumbrados a despertar.

En cambio, podemos dedicar un mes a despertarnos diez minutos antes de lo que solíamos hacer, el mes siguiente otros diez minutos antes, y así hasta que alcancemos nuestro objetivo, que no era otro que el de despertarnos una hora y media antes.

3. 30 días para cambiar un hábito

Algunos sostienen que si centramos toda nuestra energía y atención en el cambio que queremos conseguir, podremos conseguirlo en 30 días. Evidentemente, no hay ningún estudio serio que avale esta afirmación que se nos antoja más bien peregrina.

Sin embargo si recalca un elemento que es importante: fijarse fechas. Si en nuestro calendario (el de papel y el que está en nuestra cabeza) anotamos que para el 15 de marzo tenemos que tener terminado el nuevo sistema de archivo de nuestra empresa, y ponemos toda nuestra energía en ello, probablemente lo consigamos.

Al fijarnos unos límites, unas fechas con las que debemos cumplir, y no porque nos las imponen otros sino porque somos nosotros mismos los que nos las imponemos, estamos dando cuerda a nuestra motivación.

4. Escribe sobre el hábito que quieres cambiar

A muchas personas les ayuda llevar una especie de diario en el que puedan anotar los progresos que realizan con respecto su objetivo. Es importante, cuando hablamos de cambiar, realizar una evaluación periódica de los avances que estamos realizando, o de los obstáculos que nos están dificultando la tarea.

Cuando leemos nuestra evaluación (que podemos hacer por ejemplo una vez a la semana) tomamos conciencia de cuáles son nuestros puntos fuertes, en qué estamos fallando, y cómo podemos corregir nuestra conducta para mejorar nuestro rendimiento.

5. Una hoja de ruta

Si te has decidido a usar un cuaderno para evaluar tu progreso en pos de tu objetivo, también puedes aprovechar sus páginas para componer tu propia “hoja de ruta”.

Aprovecha para detallar cuáles son las razones por las que quieres cambiar, qué es lo que más te motiva sobre el cambio, prevé los obstáculos a los que te puedes enfrentar (tanto internos como externos), remarca tus puntos fuertes, y cuenta con las personas que te pueden ayudar.