Seguimos esperando por la conciliación

En estas páginas hemos hablado mucho de la necesidad de mejorar la conciliación entre el trabajo y la vida familiar y seguimos viendo que es un camino largo y con muchos obstáculos. No sólo eso, a pesar de que se habla del tema en teoría, la conciliación ni sale en las negociaciones que se mantienen entre los participantes en la supuesta reforma laboral; los empresarios, los sindicatos y el gobierno. Parece que cada uno de estos tienen sus objetivos muy limitados; los primeros, poder reducir plantilla de forma barata y reducir sueldos, los segundos, justo lo contrario y, el tercero, que los otros lleguen a un acuerdo, el que sea.
Teniendo en cuenta la importancia de este tema, y tal como os he comentado en el libro de los 7 hábitos pues también os recomiendo otro muy importante libro titulado “Diez años de conciliación en España (1999-2009)”, de la profesora Nuria Chinchilla y de la investigadora Consuelo León, de la escuela de negocios, IESE, hablando de este tema y concluyendo que, después de más de diez años de hablar del tema, todavía demasiadas empresas no lo tienen ni dentro de sus prioridades.

Las buenas prácticas empresariales de la conciliación, que se deben ver un un buen programa de conciliación, que nos dan y que explican brevemente en el artículo vinculado, son los siguientes:

  1. Flexibilidad en la jornada laboral.
  2. Flexibilidad en la carrera profesional.
  3. Flexibilidad espacial.
  4. Servicios de apoyo al empleado.
  5. Políticas de asesoramiento y apoyo profesional.

Además, las empresas que son sensibles a estos temas, ofrecen elementos más amplios que los directamente vinculados a los empleados, incluyendo los siguientes:

  1. Seguros de vida.
  2. Planes de retiro.
  3. Seguros de accidente.
  4. Planes de comida subsidiada.
  5. Seguros de salud.

Parte de los problemas que mencionan es que la falta de conciliación causa una reducción importante de la natalidad, con España la más baja de Europa. Además, nos hablan de los presupuestos estatales dedicados a gastos sociales y nos dicen que, en España, suman el 0,4% del PIB, comparado con el promedio europeo del 2,2%.
Queda mucho por hacer y casi ni han empezado.

Competir en el trabajo

En muchos foros se  ha planteado muchas veces la visión del mundo de los negocios como la visión de un campo de batalla donde competimos y nuestro objetivo es ganar. Muchas veces he planteado el escenario de nuestro entorno empresarial como un gigantesco tablero de ajedrez cuya meta es derrotar al contrario, ¿pero quién es el contrario?

Probablemente llegaremos a una interesante conclusión si actuamos como si no existe contrario, a una interesante conclusión llegaremos, si llegamos a la conclusión de que el rey negro (o blanco) al que hemos de dar jaque mate no es a una empresa competidora nuestra, a nadie externo a nosotros. Llegaremos a una interesante conclusión si entendemos que a quien le hemos de dar jaque mate es a nuestros propios límites.

No nos engañemos, nuestro enemigo, nuestro rival, no es la empresa que nos hace la competencia, no son ni tan siquiera las leyes que nos encorsetan o los entes que nos presionan. Estos en todo caso serán realidades y sujetos con los que tendremos que lidiar. Lidiar compitiendo o aliándonos, pero nuestro auténtico rival, nuestra auténtica meta somos nosotros mismos, la meta de alcanzar nuestro lugar, de conseguir nuestros mejores resultados.

Yo no quiero ser el líder de ningún sector, yo no quiero ganar a ninguna empresa facturando más que ella, yo lo que quiero es lograr mis objetivos de facturación, de rentabilidad, tener la porción de la tarta que deseo, con la que pueda cumplir mis deseos y mis objetivos. Yo quiero competir contra mi mismo, para ser mejor cada día yo mismo, no para ser mejor que el de la esquina, y es que ya se sabe quenadie nos puede hacer sombra si nosotros somos nuestra propia sombra.