El valor de la idea y el valor de tu departamento o empresa: el ejemplo del iceberg

iceberg

Un negocio, una empresa un departamento ha de ser como un iceberg. Si nos encotramos con una de esas inmensas moles de hielo probablemente quedaríamos asombrados por su tamaño, sin embargo el tamaño de la parte que se ve es muy inferior al de la que queda sumergido. En el caso de una empresa o de tu departamento ha de ser lo mismo.

La mayor parte de la gente sobrevaloran las ideas, que es lo que se ve a simple vista, lo más superficial. Es lo que sobresale y lo que, en muchos casos, sus propios promotores quieren ocultar para no ser copiados. Sin embargo lo que confiere al negocio su fortaleza, su estabilidad y su valor real es lo que no se ve, lo que está sumergido.

Esa parte que no se ve es la que da consistencia a la parte externa. Los promotores del negocio, con su trabajo, sus conocimientos y su experiencia; el equipo del que se rodean; las estrategias diseñadas para alcanzar los objetivos o los recursos empleados para ello. Todo eso no queda a la vista pero al final es lo que realmente vale.

Los que desde fuera sólo ven esa parte exterior y no tienen en cuenta lo que hay debajo nunca podrán ser una amenaza. Los que desde desde dentro se empeñan en hacer crecer lo de fuera y no cuidan la base o en intentar ocultar esa parte visible para evitar competidores gastan energías de manera inútil y acaban fracasando.

Lo que no se ve es lo que da el verdadero peso a la estructura. Para crecer por arriba debemos hacerlo también, y en mayor medida, por debajo. El auténtico trabajo está en la trastienda y es el que casi nadie ve, casi nadie valora y, realmente el que garantiza el éxito.

Destinemos nuestros esfuerzos en dotarnos de una base que sustente nuestro negocio y no nos preocupemos tanto de lo que se ve, si no de lo que no se ve. Tener un buen equipo, una buena planificación, estrategias acertadas es lo que da valor a la empresa, lo de la idea no es tan relevante.

¿Cómo implementar el Brainstorming en la empresa?

Ante la necesidad generalizada de dar un vuelco a la manera en la que abordamos los distintos proyectos, e incluso las tareas más sencillas, la innovación se ha posicionado como el motor en el que se depositan los esfuerzos para promover una salida de la crisis. Y dentro de este objetivo, el Brainstorming, o lluvia de ideas en la lengua de Cervantes, se posiciona como una potente dinámica en la empresa para cambiar las cosas desde dentro.

Esta tipo de iniciativas son bastante frecuentes en las grandes empresas y sobre todo en las multinacionales, pero en cambio, no tanto en las más pequeñas. Pero, ¿por qué no se aplica el Brainstorming en las pymes? Pues bien, en la mayoría de los casos sucede por una estructura que incita poco a la participación, o tal vez por una falta de comunicación.

Para poner en marcha esta iniciativa, además de resaltar su importancia convenciendo de su necesidad, tenemos que atajar las principales cortapisas que tiene dentro de la organización, estas son:

1) Hacer sentir a todos los colaboradores miembros partícipes del proceso mediante la escucha de sus propuestas y su implicación en la toma de decisiones

2) No imponer, consensuar: teniendo en cuenta que cada cual tiene su lugar en la organización, muchos subordinados no se atreven a transmitir sus ideas por el miedo a que sean rechazas por sus superiores, en este sentido debemos evitar imponer y aprender a consensuar

3) Incentivar la colaboración: hacer a todos partícipes del proceso no es suficiente por si solo para conseguir el objetivo, sino que además necesitamos que nuestros colaboradores internalicen su importancia incentivando su colaboración, como por ejemplo premiando las mejores ideas o facilitando los canales de comunicación

 

Si tenemos en cuenta todos y cada uno de estos pasos podemos conseguir nuestro negocio, sin importar lo pequeño que sea, logre desarrollar una habilidad tremenda para generar ideas, dentro de un proceso que no tiene su fin con la crisis, sino que ayudará a promover una cultura de constante innovación que se posicione como una ventaja competitiva frente a nuestros competidores.

Cómo aplicar los mapas mentales en tu trabajo o Jefatura.

En este blog veremos 8 formas en las que los mapas mentales tienen una aplicación directa al mundo de los negocios y cómo podemos utilizarlos para simplificar muchos de los procesos de nuestra empresa o trabajo.

Gestión del tiempo

Los mapas mentales son una buena forma de realizar un primer boceto de lo que va a ser nuestro plan de actuación durante un mes, un trimestre o un año, orientando el mapa hacia objetivos concretos.

Podemos utilizarlos incluso para hacer una planificación semanal, literalmente “dibujando” los objetivos que queremos alcanzar cada semana pegando más tarde el dibujo realizado en nuestro puesto de trabajo.

Presentaciones

Una de las grandes ventajas que tienen los mapas mentales es que bien diseñados, pueden convertirse en grandes intrumentos mnemotécnicos. De esta forma, pueden servirnos como guión durante cualquier presentación que realicemos, ofreciéndonos siempre una amplia imagen de todo lo que queremos contar y cómo lo tenemos que contar.

Aunque es verdad que tradicionalmente muchas personas utilizan notas o un pequeño guión para ayudarles durante su presentación, estas herramientas no ofrecen esa visión global e interrelacionada que sí ofrecen los mapas mentales.

Gestión de proyectos

Aunque muchos proyectos sencillos pueden gestionarse perfectamente utilizando una simple lista de tareas, los proyectos complejos, que afectan a distintas áreas de la empresa, que cuentan con varios responsables, etc. pueden ser gestionados de forma eficaz utilizando este tipo de mapas mentales.

En este caso los mapas mentales no actúan como herramienta principal, ya que lo normal será contar con un gestor de proyectos, pero sí como un útil complemento que nos ayudará a visualizar perfectamente cada fase del proyecto y cómo se estructura a distintos niveles.

Brainstorming

Uno de los problemas que suelen presentarse en casi todas las sesiones de brainstorming es que mientras encontramos personas muy activas, otras prefieren mantenerse en un “discreto segundo plano” sin apenas participar.

Una buena forma de fomentar la participación y establecer una generación de ideas “democrática” es plantear un problema y pedir a todos los asistentes a la reunión que preparen un pequeño mapa mental individual sobre el tema para después compararlos y estructurar una idea en conjunto.

Liderazgo

Una de las habilidades que debe desarrollar cualquier persona que aspire a ser un buen líder, es su capacidad para comunicar de forma efectiva y precisa.

Uno de los principales problemas que suelen presentarse en la gestión de proyectos es que precisamente los errores de comunicación entre el líder y los distintos grupos de trabajo pueden derivar en errores y malos entendidos que exigen rectificaciones y más trabajo extra.

Esta falta de coordinación entre lo que se quiere decir y cómo se comunica puede resolverse elaborando un mapa mental común en el que se delimiten claramente cuáles son los objetivos que se quieren alcanzar y de qué forma (con qué herramientas) se va a llegar.

Pensamiento estratégico

Existen muchas herramientas que podemos emplear a la hora de analizar un problema que afecta a nuestra empresa.

Sin ir más lejos tenemos el clásico análisis DAFO, el conocido como Marketing Mix, o el método PEST. Los mapas mentales complementan y mejorar cada una de las técnicas que se enseñan en las mejores universidades y nos ayudan a desarrollar una visión estratégica más amplia.

Desarrollo personal y GTD

Los lectores habituales de MuyPymes saben que somos firmes defensores del método GTD (Getting Things Done) como forma de cambiar nuestra rutina diaria enfocándola hacia la productividad.

Los mapas mentales tienen su lugar natural en este método ya que nos ayudan a visualizar nuestros objetivos a corto medio y largo plazo, ayudándonos también a determinar la prioridad de cada tarea y proyecto.

El proceso de la innovación

La innovación es necesaria para la supervivencia de la empresa. Esta innovación ha de ser un proceso natural y sistemático en nuestra organización y debe estar orientada a crear valor. La innovación no es sólo competencia de un departamento de la empresa, toda la organización debe involucrarse en ello, gerencia, administración, ventas, producción, etc.
Tan importante como la innovación en sí, es el conseguir un procedimiento para llevarla a cabo e introducirlo en nuestra organización. Esta sistematización de la innovación ha de hacerse teniendo en cuenta las fases que componen el proceso de la innovación.

Todo proceso de innovación parte de la identificación de las necesidades latentes, debemos clarificar en qué tenemos que innovar, un nuevo producto o servicio, o un nuevo modelo organizativo en la empresa, o un cambio tecnológico en el proceso productivo, etc. Esa necesidad puede venir dada, entre otros, por la exigencia de los clientes, por nuestros competidores, una nueva estrategia comercial.
Una vez que hemos identificado las necesidades, pasamos a la etapa de generación de ideas o conceptos. La técnica más común para llevar a cabo esta fase es el “brainstorming” o tormenta de ideas. Se trata de producir el mayor número de ideas en el menor tiempo posible, de la cantidad sale la calidad, por lo que no debemos poner barreras al pensamiento de los participantes ni valorar ni descartar ninguna idea por absurda que parezca.
A partir de aquí debemos hacer una evaluación de las ideas generadas, aquí si debemos valorar todas las ideas, ordenarlas de más a menos importantes y agruparlas en base a las necesidades detectadas al inicio. Debemos definir una serie de criterios de valoración para los grupos de ideas resultantes, esos criterios pueden ser, por ejemplo, coste de implementación, rentabilidad, dificultad técnica de su desarrollo, … Una vez definidos los criterios, debemos ir analizando los grupos de ideas bajo cada uno de estos criterios.
Es en esa fase donde debe de parecer el aspecto crítico de los participantes en el proceso. Hay incluso modelos matemáticos que pueden ayudar a la hora de valorar estas ideas, pero utilzemos un modelo standard o no al final de esta fase, debemos quedarnos con dos o tres iniciativas que, en opinión de la mayoría, pueden suponer la mejor solución a esas necesidades identificadas en el paso primero. Con esas dos o tres iniciativas resultantes, haremos la elección final del nuevo producto, procedimiento de elaboración, servicio, modelo organizativo o cualquier otro elemento que supone para nuestra empresa la innovación necesaria.
Una vez decidida la innovación a desarrollar, se llevará a cabo el procedimiento final que será el trabajo de diseño de prototipo, si lo hubiera, y la implementación final y aplicación del elemento innovador.
Como reflejábamos anteriormente, lo importante es la implicación de toda la organización, tanto en la generación como en el análisis de las ideas resultantes, así como naturalidad del proceso. La innovación ha de existir en la organización como algo normal e inherente a la empresa como la fabricación , la distribución o la venta.