Frases demoledoras que puedes oír en tu trabajo y hay que estar preparado.

 

Eres uno de esos ‘locos’ que han decidido lanzarse a buscar una salida en esta crisis creando tu propio camino. Has superado esos momentos difíciles en los que te planteas si no es demasiado riesgo, si merecerá la pena tanto trabajo y esfuerzo, si las decisiones tomadas son las correctas. Y es justo ahí cuando debes hacer un ejercicio de concienciación y de inmunización ante dos frasestan comunes en los tiempos que corren como demoledoras: “Es muy difícil, no te compliques” y “Te lo dije”.

La primera siempre te llegará cuando has arrancado el proceso de creación tu empresa, con toda la ilusión y las ganas. Buscas la complicidad de los más cercanos y su apoyo en una travesía que tendrá momentos muy complicados. Pero debes estar preparado para que alguno de esos amigos o familiares de los que esperas una palabra de aliento te espete: “Es muy difícil, la situación es crítica, no te compliques”. Y lo hará, no te quepa la menor duda.

La segunda es, incluso, más dura. La escuchas en la fase más compleja de todas: cuando los resultados no han sido los esperados, cuando te ves obligado a tirar la toalla, cuando las circunstancias te llevan a echar el cierre y a poner un punto y seguido. Es el momento justo en el que quien menos te esperas te mira a los ojos y saca a relucir esa frase tan española: “Ves, te lo dije”. No importa que lo hayas intentado, ni que esa persona lo diga desde la barrera… Sólo importa que no lo conseguiste y que te avisaron.

Es cierto que tener predisposición ante las dificultades es un paso fundamental antes de emprender. Pero de ahí a fustigarse con lo que ha ocurrido o los errores cometidos hay un camino largo que está en tu mano evitarlo. Porque, en este país la aventura de iniciar un negocio propio tiene, incluso, más dificultades psicológicas que económicas. ¿Y sabes por qué? Porque por mucho que se empeñen algunos, el fracaso aún no representa un aprendizaje o una etapa más del emprendimiento para el común de los mortales, sino un estigma que se hace muy difícil de llevar.

Organizaciones adhocráticas

 

Cada vez más se habla de estructuras organizativas poco jerarquizadas y horizontales que promuevan la colaboración y cooperación entre sus miembros, es decir, la adhocracia. A finales de los años setenta Henry Mintzberg incorporó este concepto en su tipología de las configuraciones organizativas.

Los planteamientos organizativos adhocráticos conllevan una serie de incovenientes que han de ser tenidos en cuenta a la hora de planteárselos y que sobre todos los demás destacan dos. Por una parte,la ubicuidad del poder, y por otra, las reacciones humanas ante la ambigüedad.

 

En las organizaciones adhocráticas el foco del poder se desplaza del centro ,ya que la capacidad profesional concentra ese poder, lo que produce la ubicuidad del poder. De este modo, el poder de quienes gobiernan y deciden en las organizaciones, se diluye en un entramado de jerarquías superpuestas, según el objetivo que se esté persiguiendo mientras se está operando con la incertidumbre y dinamismo del entorno.

Esta situación produce inevitablemente el segundo incoveniente anteriormente mencionado, las reacciones humanas ante la ambigüedad. La cultura en la que se basan este tipo de organizaciones está influida por los problemas humanos que emergen de su ambigüedad estructural.

La falta de claridad, en la definición de los cargos, relaciones de autoridad y líneas de comunicación puede provocar cierto caos operativo. Desde la perspectiva de los empleados puede ser origen de frustración al percibir que el desarrollo profesional no está planificado o la carencia de una política de reconocimiento de méritos a los empleados.

Este tipo de reflexiones es conveniente planteárselas y actuar con prudencia cuando, a pesar de la insistencia mediática se habla de manera recurrente de ciertas prácticas que pueden llevar a la confusión y este es un buen ejemplo.

¿Está en extinción el modelo de jefe autoritario?

 

Como hemos visto en varias ocasiones hay muchos modelos de gestión y también de jefe. En los últimos años se ha abierto el debate en las escuelas de management sobre si el jefe debe mostrar una actitud autoritaria o en cambio colaborativa a la hora de gestionar a los colaboradores que dependen de su negociado.

Esta decisión resulta muy compleja y además puede dar lugar a múltiples valoraciones, pero a la hora de determinar si es mejor un modelo u otro es conveniente ser objetivo y valorar las distintas posibilidades en función de sus resultados y el logro de los objetivos.

 

En España existe una predominancia clara del modelo de jefe autoritario, un modelo en el que se critican con dureza los errores, exceso de valor a la adulación, reproches públicos y falta de delegación de responsabilidades. Una combinación muy negativa y que contribuye muy poco al correcto desempeño de las tareas, la objetividad y a la motivación del equipo.

En este sentido creo que es más positivo que un jefe muestre una actitud colaborativa y que incite a sus colaboradores a aportar sus ideas y trabajar con mayor confianza, y por tanto sería más positiva y productiva para la organización esta opción. Por este motivo, lo más razonable es que los jefes autoritarios poco a poco estén cada vez más en extinción.

Cómo mejorar la productividad de tu empresa.

Autora: Sofia Sanchez:

La productividad de una empresa es la clave que determina su éxito o su fracaso. Es el elemento que define a los competidores dentro de una industria y lo que siempre se puede mejorar para lograr un nivel de eficiencia superior a los demás.

Las culturas corporativas sirven como guía para medir el nivel de productividad y eficiencia de una compañía. Si la cultura es relajada, le interesa poco la puntualidad y no clarifica las expectativas de desean de su equipo laboral, ellos reaccionarán de la misma manera, minimizando el esfuerzo necesario para funcionar productivamente. La actitud de los administradores de la empresa, establece el nivel de creatividad, innovación y eficiencia de una empresa, características fundamentales para su éxito.

Consultar Para Solucionar

Es recomendado que el equipo administrativo analice el clima laboral de la empresa a través de observaciones, entrevistas y encuestas diseñadas para  identificar aspectos de la compañía que impiden la productividad. Consultar a cada departamento para escuchar sus comentarios y sugerencias, abre las líneas de comunicación, creando retroalimentación luego utilizado para solucionar posibles problemas. Los directores corporativos muchas veces no están en contacto directo con sus subordinados, creando una brecha en la comunicación entre ambos que debilita el nivel de motivación del empleado, eventualmente reduciendo su nivel de productividad.

La comunicación empresarial es imprescindible para poder detectar complicaciones en los procedimientos tradicionales de la compañía. Los trabajadores tendrán la oportunidad de participar en decisiones administrativas y se sentirán apreciados por sus líderes. Comunicación entre departamentos clarificará lo que cada quien necesita, fortaleciendo su relación y personalizando los sistemas de gestión entre ambos.

La compañía no podrá diseñar un entorno que alimenta a la productividad sin la comunicación necesaria para identificar los obstáculos que impiden su progreso.

El Individuo

El nivel de productividad de cada persona es diferente debido a su nivel de motivación y actitud profesional. Hay personas que son emprendedores, toman la iniciativa para producir resultados sobresalientes y dedican toda su atención a las responsabilidades de su cargo. Desafortunadamente, no todas son así. Motivar a cada individuo de la forma más apropiada es la clave que inspirará un incremento en el nivel de productividad de la compañía.

La productividad comprensiva de la compañía, empieza con la eficiencia de sus trabajadores. Entrenamiento sobre cómo priorizar responsabilidades, adquirir metas, organizarse y manejar el estrés laboral, entre otros temas, ayudará educar a la fuerza laboral de la compañía. Los gerentes de cada departamento o equipo tienen el compromiso de crear un ambiente que elimine la mayoría de las distracciones, incluyendo las distracciones físicas como dolores de espalda por sillas incómodas, según abogados de accidentes laborales, para facilitar la eficiencia de cada trabajador.

Trabajar en equipo

El nivel de productividad de un individuo, en cuanto a su experiencia profesional y tiempo disponible, es limitado cuando trabaje sólo en un proyecto que se extiende a varios campos. Trabajar en equipo reducirá el tiempo necesario para adquirir las metas del proyecto, por el alto nivel de productividad que se realiza al distribuir las responsabilidades, permitiendo que cada participante se pueda enfocar en su especialidad, produciendo resultados de alta calidad eficientemente.

Las cinco cualidades de los grandes jefes

¿Cómo son los grandes jefes? Aunque a veces no lo parezca, hay jefes con los que todo el mundo quiere trabajar, a los que todo el mundo admira y se intenta estar en su equipo. Eso provoca que el ambiente en la oficina sea bueno, el trabajo se saque adelante y que los empleados no quieran buscar otro sitio donde trabajar.

  • Desarrollan cada empleado, llevándolo a su máximo potencial. Ayudan y enseñan, pero también motivan hacen de “coach”.
  • Tratan los problemas inmediatamente, en vez de dejar que estos se vayan haciendo más y más grandes.
  • Rescatan al peor empleado, siempre hay un empleado que ha cometido algún error, los grandes jefes no lo expulsan, sino que consiguen que vuelva a ser apreciado por los demás y que vuelva a rendir como antes.
  • Sirven a los demás, no a sí mismos. Les reconocen el mérito a sus empleados en vez de usar el suyo. Su gloria no emana de ellos, sino que se refleja.
  • Siempre se acuerdan que son los jefes, entienden que hay cosas que pueden decir y cosas que no. Y en la mayor parte de los casos, no siempre han sido jefes.

Yo añadiría que todo esto está muy bien una vez se han pasado los básicos. Es decir, no tiene sentido que un jefe sea un gran líder si luego miente. No tiene sentido que hablemos de grandes jefes si luego pagan mal (o directamente no lo hacen porque afirman que trabajar con ellos queda bien en el currículum) a becarios sobre explotados.

Aparte de ello, los grandes jefes saben que pedir de cada empleado que sea razonable. Cuando un jefe pide cosas imposibles es cuando toca el momento de irse buscando otro trabajo. Los grandes jefes saben que la vida del trabajador no se limita a la oficina y unos breves periodos de descanso en los días que le corresponden por vacaciones. Los grandes jefes te tratan con respeto, saben que no son ni tu padre ni tu colega.

Porque prefiero a un jefe que sea cumplidor de lo básico y mal líder a un jefe que sea un gran líder según muchos criterios que se publican pero que olvide los puntos básicos de una relación jefe-subordinado y empresa-empleado. Aparte de esto, cuanto mejor sea el jefe, más motivado y que la sonrisa con la que te sientas en tu puesto no sea fingida, sino sincera, mejor.

Pregunta a los lectores ¿cuál es el mejor jefe que han tenido? ¿Qué buscas en un jefe? Los que son jefes ¿ponen esto en práctica con alguno de sus empleados?

fuente: blogsalmon.

UN BUEN LÍDER SABE DECIR “NO”

Cada vez nos comprometemos a hacer más cosas: en el trabajo, con nuestros amigos y en nuestra familia. Parece un problema generalizado en nuestra cultura. Pero pregúntate: ¿Puedo cumplir todas las promesas que he hecho sin provocarme un grado de estés innecesario?

 

¿Por qué te cuesta decir “No”?

Probablemente en nuestra infancia alguien omitió deliberadamente enseñarnos a decir que no, sino ¿Por qué nos cuesta decir que no?

No saber decir que no supone entrar en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar.

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?

Hay muchas razones por las cuales te cuesta decir “no”. Por supuesto, depende de las situaciones, y de las personas. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu responsable te “pide” algo en el trabajo por ejemplo.

Algunos de los motivos más comunes que te pueden dificultar decir “no” son los siguientes:

– Por evitar un conflicto. Si sabes que negarte va a generar una situación problemática para ti, generalmente tenderás a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.

– Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darte cuenta, te imaginas lo que el otro va a sentir si te niegas. Por supuesto que tu solo lo imaginas y no sabes cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero te dejas guiar por aquello que imaginas que va a sentir, y si eso que imaginas no resulta agradable, prefieres no hacerle pasar por eso.

– Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarte lo que va a sentir la otra persona si te niegas, más bien te imaginas lo que va a pensar de ti. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.

– Por sentir que no tienes derecho a negarte. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde dan por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las tuyas, y cuando  te piden algo, inmediatamente dejas de lado lo tuyo para atenderle.

No olvides que si quieres ser un buen líder y conseguir tus objetivos, es muy importante saber decir “no” de forma asertiva, respetando los sentimientos y las opiniones de los demás.

Cómo decir “No”.

Para aprender a decir “no”, lo más importante es saber reconocer cuál es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti y nadie puede definir esto por ti.

1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo algo”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tú quieres hacer o no.

3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal por decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?

6. Sopesa los pros y los contras
Hay situaciones en las que una respuesta negativa es, evidentemente, mal recibida. Antes de responder, analiza el tema: la experiencia tiene que guiarte en tu decisión.

7. Libérate del sentimiento de culpabilidad
Si merece la pena hacerse esta pregunta es porque su respuesta no es evidente. Estás en tu derecho de declinar lo que te piden.

8. Propón una solución
Si te cuesta verdaderamente decir no y no consigues quitarte el sentimiento de culpabilidad, propón una alternativa. Tu interlocutor apreciará seguro tu buena voluntad.

9. Prepárate
Entrénate en decir no. Prepara algunas fórmulas que puedas utilizar cuando no quieras acceder a la petición de tu interlocutor:

Ejemplo de cómo puedes decir que no, con asertividad:

«Por más que quisiera, sencillamente no puedo…»
«Me gustaría poder ayudarte, pero simplemente me es imposible.»
«Lo siento, pero me resulta imposible en este momento.»

«Eso no será posible. No, no creo que podamos. Lo siento.»
«Me encantaría poder ayudarte, pero me temo que tengo que rehusar tu propuesta. Lo siento mucho, pero no puedo.»
« Lo siento, pero te convendría mucho más buscar otra persona. »
«Me gustaría, pero en este momento no hay manera de que pueda hacerlo. »
«Me resulta imposible comprometerme. Si quieres, te puedo dar el nombre de… »

Repítelas en tu cabeza, así estarás preparado cuando llegue el momento. Una vez te encuentres en esa situación, no tengas miedo en reafirmarte repitiendo interiormente frases del tipo: “Tengo derecho a expresar mis opiniones”, “no voy a sacrificar mi bienestar para complacerle”, “no estoy a disposición de los demás”…

Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.

Tienes el derecho asertivo a decir “no” y a no sentirte culpable por ello.

Que te parece si a partir de ahora pones esto en acción. Lo que te propongo es que esta semana si alguien te pide que te olvides de tus prioridades, valores el coste que esto tendrá en tu tiempo, tus proyectos e intereses personales y di que no a cualquier oferta o petición que no te interese.

Otra forma de practicar el “no” consiste en anotar todos los compromisos que vas acumulando en una lista. Llegará un momento en que la lista será tan larga que no tendrás más remedio que decir que no a las nuevas peticiones. Quizá no eres consciente de ello, pero en realidad estas diciendo “no” a muchas cosas a lo largo del día: si decides quedarte trabajando en la oficina hasta la noche, estás diciendo “no” a tu familia o a tu descanso. Detrás de cada elección hay una renuncia.

Primero lo primero, aprende a priorizar.

Hoy en día nuestra tónica diaria está definida por el agobio y la sobrecarga de tareas que inequívocamente acaba por traducirse en estrés. La mayoría de los altos cargos y empresarios sienten que deben atender muchas prioridades que entran en conflicto unas con otras.
Investigaciones realizadas para tratar estos aspectos han determinado que cuantas más tareas y prioridades atienden estos ejecutivos y empresarios menos ganan sus compañías. De hecho, las empresas que obtienen mayores rendimientos son aquellas que sus ejecutivos y responsables se centran en atender las iniciativas de una alta prioridad.
Hay dos lecturas de esta realidad que son de gran importancia para los jefes, y en especial en todas empresas quizás en las pequeñas más. La primera, es que la inmensa mayoría de la gente no sabe delegar, y por tanto, priorizar sus tareas y responsabilidades. De hecho, ésta es una de las grandes virtudes que caracterizan a las personas con dotes de mando o liderazgo, su capacidad para delegar y el buen criterio para establecer prioridades, es decir, distinguir lo accesorio de lo fundamental.
La segunda, y esta afecta directamente a los mandos, jefes, emprendedores y empresarios, es la necesidad de conocer en qué se es realmente bueno, es decir, saber con qué habilidades se cuenta y nos pueden proporcionan fortalezas que nos permitan aprovechar las oportunidades que se presenten en nuestro entorno. Vinculado con lo anterior, no se puede obviar la capacidad para decir no cuando las cosas parecen ser exitosas e incluso lucrativas, pero, sin embargo, no ofrecen una oportunidad real de triunfar