El valor de la idea y el valor de tu departamento o empresa: el ejemplo del iceberg

iceberg

Un negocio, una empresa un departamento ha de ser como un iceberg. Si nos encotramos con una de esas inmensas moles de hielo probablemente quedaríamos asombrados por su tamaño, sin embargo el tamaño de la parte que se ve es muy inferior al de la que queda sumergido. En el caso de una empresa o de tu departamento ha de ser lo mismo.

La mayor parte de la gente sobrevaloran las ideas, que es lo que se ve a simple vista, lo más superficial. Es lo que sobresale y lo que, en muchos casos, sus propios promotores quieren ocultar para no ser copiados. Sin embargo lo que confiere al negocio su fortaleza, su estabilidad y su valor real es lo que no se ve, lo que está sumergido.

Esa parte que no se ve es la que da consistencia a la parte externa. Los promotores del negocio, con su trabajo, sus conocimientos y su experiencia; el equipo del que se rodean; las estrategias diseñadas para alcanzar los objetivos o los recursos empleados para ello. Todo eso no queda a la vista pero al final es lo que realmente vale.

Los que desde fuera sólo ven esa parte exterior y no tienen en cuenta lo que hay debajo nunca podrán ser una amenaza. Los que desde desde dentro se empeñan en hacer crecer lo de fuera y no cuidan la base o en intentar ocultar esa parte visible para evitar competidores gastan energías de manera inútil y acaban fracasando.

Lo que no se ve es lo que da el verdadero peso a la estructura. Para crecer por arriba debemos hacerlo también, y en mayor medida, por debajo. El auténtico trabajo está en la trastienda y es el que casi nadie ve, casi nadie valora y, realmente el que garantiza el éxito.

Destinemos nuestros esfuerzos en dotarnos de una base que sustente nuestro negocio y no nos preocupemos tanto de lo que se ve, si no de lo que no se ve. Tener un buen equipo, una buena planificación, estrategias acertadas es lo que da valor a la empresa, lo de la idea no es tan relevante.

Las actitudes que debes evitar si quieres llegar lejos en el trabajo

Para construirse una exitosa carrera profesional, antes de comenzar a dar los pasos para adoptar ciertas técnicas empresariales o laborales, lo primero que se debe hacer es desprenderse de todas aquellas actitudes negativas. De nada servirá el esfuerzo por sacar adelante una empresa o subir peldaños en la escala profesional si antes no se identifican una serie de cuestiones a evitar. Para ello, la publicación Inc.com, dedicada principalmente al coaching para emprendedores, ha elaborado un útil decálogo con las conductas que un trabajador o jefe nunca debería de abandonar para llegar a alcanzar sus objetivos.

1.- No echar la culpa a los demás

Todos cometemos errores. En ocasiones, los empleados o compañeros de equipo no logran cumplir con las expectativas puestas en ellos. Cuando es así se debe analizar el problema para discernir qué parte de culpa tienen unos y otros. Por ejemplo, los responsables de los empleados que cometen errores pueden compartir esa culpa porque no se proporcionó la capacitación suficiente o porque quizá se le haya exigido demasiado en un corto periodo de tiempo.

Asumir la responsabilidad de un error, en lugar de culpar a los demás sistemáticamente, no es una actitud masoquista ni condescendiente, sino que implica una mayor concentración para realizar el trabajo de la mejor forma posible.

2.- No fanfarronear

Nadie consigue el aprecio de los demás ni una mejor valoración en los negocios por el simple hecho de aparentar materialmente. Ni la marca de la ropa, ni el coche, ni siquiera los títulos servirán para mejorar. La honestidad es uno de los primeros pasos para conseguir triunfar, tanto en la vida como en el trabajo, y solo se llegan a formar relaciones de confianza cuando no se intenta impresionar a los demás y se trata de ser uno mismo.

3.- No aferrarse a lo que ya se tiene
La inseguridad y la incertidumbre nos vuelven conservadores y hacen que nos aferremos a lo que ya se tiene o se sabe, aun conscientemente de que esa situación no es la más deseable para uno. Para lograr alcanzar las metas es preciso soltar amarres, arriesgar y luchar por lo que realmente se quiere.

La ausencia de miedo o inseguridad no es la felicidad: Es sólo una ausencia de miedo o inseguridad. Incluso si no se logra tener el éxito buscado, el propio acto de intentarlo hará que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

4.- No interrumpir

La interrupción no solamente es una grosería que se debería evitar en cualquier contexto, sino que implica una serie de consecuencias más trascendentales, como la incapacidad para escuchar, la falta de interés o la intención de coaccionar a los demás antes de que hablen. Lo más recomendable, tanto por el bien propio como por la imagen mental que los demás se harán de nosotros, es concentrarse en lo que nos digan y hacer las preguntas necesarias para asegurarse que lo entendemos todo.

5.- No quejarse

El lenguaje crea realidades y quejarse de los problemas sistemáticamente no te hará sentir mejor, sino todo lo contrario. Si algo está mal no pierdas el tiempo lamentándolo, esfuérzate por mejorar la situación. En lugar de pensar sobre las dificultades, piense sobre cómo puede superarlas.

6.- No ser autoritario

La autoridad va implícita a una función concreta y todos los miembros implicados en ella la presuponen de antemano, por lo que no se debe insistir en ella innecesariamente porque no será productivo. La autoridad o el control excesivo solo funciona a corto plazo, como mucho, pero a medio plazo provocará que nadie quiera trabajar o hacer negocios con nosotros.

Un buen equipo, motivado, fiel y trabajador, solamente se conseguirá formar dejando de lado la presión y el excesivo control sobre los demás.

7.- No ridiculizar

Aunque por supuesto un jefe o responsable de equipo siempre tendrá más experiencia y mejor formación que sus empleados o compañeros hay que cuidar las expresiones a la hora de criticar para evitar ridiculizar.

8.- No prejuzgar

Cuanto más alto se está en la escala laboral más tiende uno a creerse superior y prejuzgar a los demás como unos incapacitados cuando están a nuestro lado. Con esta actitud solo lograrás que los demás tampoco te tengan en consideración y desprecien tus enseñanzas.

9.- No ser intransigente con los errores

Todos cometemos errores, pero para aprender de ellos hay que ser transigentes las primeras veces, y hacer que los empleados reflexionen sobre ellos y puedan sacar alguna enseñanza positiva de todo. Ser comprensivo y enfocar los fallos como una oportunidad es un seguro para que no se vuelvan a repetir y que los trabajadores no traten de ocultarlo por miedo a las posibles represalias.

10.- No ser miedoso

El miedo es una actitud defensiva natural a todos los seres humanos. Sin embargo, cuando el miedo produce cobardía nos impide cambiar y frena nuestras expectativas. Lo más recomendable es asumir ciertos riesgos, pero siempre de forma muy planificada y premeditada de antemano: siempre en el momento más adecuado, contar con alguna alternativa ante la posibilidad de cometer un error y tener algún plan que enmiende, aunque sea en parte, el posible fallo que se cometa.

 

Fuente: elconfidencial.