UN BUEN LÍDER SABE DECIR “NO”

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Cada vez nos comprometemos a hacer más cosas: en el trabajo, con nuestros amigos y en nuestra familia. Parece un problema generalizado en nuestra cultura. Pero pregúntate: ¿Puedo cumplir todas las promesas que he hecho sin provocarme un grado de estés innecesario?

 

¿Por qué te cuesta decir “No”?

Probablemente en nuestra infancia alguien omitió deliberadamente enseñarnos a decir que no, sino ¿Por qué nos cuesta decir que no?

No saber decir que no supone entrar en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar.

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?

Hay muchas razones por las cuales te cuesta decir “no”. Por supuesto, depende de las situaciones, y de las personas. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu responsable te “pide” algo en el trabajo por ejemplo.

Algunos de los motivos más comunes que te pueden dificultar decir “no” son los siguientes:

– Por evitar un conflicto. Si sabes que negarte va a generar una situación problemática para ti, generalmente tenderás a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.

– Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darte cuenta, te imaginas lo que el otro va a sentir si te niegas. Por supuesto que tu solo lo imaginas y no sabes cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero te dejas guiar por aquello que imaginas que va a sentir, y si eso que imaginas no resulta agradable, prefieres no hacerle pasar por eso.

– Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarte lo que va a sentir la otra persona si te niegas, más bien te imaginas lo que va a pensar de ti. Esto es un miedo a ser rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que en otras.

– Por sentir que no tienes derecho a negarte. Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde dan por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las tuyas, y cuando  te piden algo, inmediatamente dejas de lado lo tuyo para atenderle.

No olvides que si quieres ser un buen líder y conseguir tus objetivos, es muy importante saber decir “no” de forma asertiva, respetando los sentimientos y las opiniones de los demás.

Cómo decir “No”.

Para aprender a decir “no”, lo más importante es saber reconocer cuál es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques, solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad es una prioridad para ti y nadie puede definir esto por ti.

1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

2. Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo algo”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tú quieres hacer o no.

3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal por decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no crees?

6. Sopesa los pros y los contras
Hay situaciones en las que una respuesta negativa es, evidentemente, mal recibida. Antes de responder, analiza el tema: la experiencia tiene que guiarte en tu decisión.

7. Libérate del sentimiento de culpabilidad
Si merece la pena hacerse esta pregunta es porque su respuesta no es evidente. Estás en tu derecho de declinar lo que te piden.

8. Propón una solución
Si te cuesta verdaderamente decir no y no consigues quitarte el sentimiento de culpabilidad, propón una alternativa. Tu interlocutor apreciará seguro tu buena voluntad.

9. Prepárate
Entrénate en decir no. Prepara algunas fórmulas que puedas utilizar cuando no quieras acceder a la petición de tu interlocutor:

Ejemplo de cómo puedes decir que no, con asertividad:

«Por más que quisiera, sencillamente no puedo…»
«Me gustaría poder ayudarte, pero simplemente me es imposible.»
«Lo siento, pero me resulta imposible en este momento.»

«Eso no será posible. No, no creo que podamos. Lo siento.»
«Me encantaría poder ayudarte, pero me temo que tengo que rehusar tu propuesta. Lo siento mucho, pero no puedo.»
« Lo siento, pero te convendría mucho más buscar otra persona. »
«Me gustaría, pero en este momento no hay manera de que pueda hacerlo. »
«Me resulta imposible comprometerme. Si quieres, te puedo dar el nombre de… »

Repítelas en tu cabeza, así estarás preparado cuando llegue el momento. Una vez te encuentres en esa situación, no tengas miedo en reafirmarte repitiendo interiormente frases del tipo: “Tengo derecho a expresar mis opiniones”, “no voy a sacrificar mi bienestar para complacerle”, “no estoy a disposición de los demás”…

Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es lo mejor para ti, qué va con tus planes y tus proyectos y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir tranquilamente “no”.

Tienes el derecho asertivo a decir “no” y a no sentirte culpable por ello.

Que te parece si a partir de ahora pones esto en acción. Lo que te propongo es que esta semana si alguien te pide que te olvides de tus prioridades, valores el coste que esto tendrá en tu tiempo, tus proyectos e intereses personales y di que no a cualquier oferta o petición que no te interese.

Otra forma de practicar el “no” consiste en anotar todos los compromisos que vas acumulando en una lista. Llegará un momento en que la lista será tan larga que no tendrás más remedio que decir que no a las nuevas peticiones. Quizá no eres consciente de ello, pero en realidad estas diciendo “no” a muchas cosas a lo largo del día: si decides quedarte trabajando en la oficina hasta la noche, estás diciendo “no” a tu familia o a tu descanso. Detrás de cada elección hay una renuncia.