Toma decisiones: ¿Decidir o no decidir?

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Abdicar de la capacidad de decidir es resistirse a usar la habilidad más genuinamente humana de entre todas ellas. El poder y la capadas de decisión es lo que nos diferencia a los humanos del resto de la especies, pues ningún otro ser de la creación puede decidir. Esa facultad es la que nos da superioridad sobre el resto. Y sin embargo ¿por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?.

El enfoque de Stephen Covey al respecto es sumamente ilustrativo ante cualquier evento o circunstancia tenemos tendencias a “reaccionar” en lugar de decidir. Pero dicha reacción es una respuesta automática, sin tomarse el tiempo necesario para elegir. Entre el estimulo y nuestra respuesta no media ningún espacio de tiempo, así es como reaccionan o como preceden los animales………….y los niños, por eso con el paso del tiempo los adultos vamos madurando. Una manera fácil de conducirse, cuyos resultados quedan sin embargo en manos del azar. El resultado de esta conduzca nos lleva a una vida profesional cuando menos azarosa.

Tomar decisiones implica, en primer lugar , mantener despiertas las facultades que hay que poner en uso para la toma de decisiones inteligentes. Estas son:

El conocimiento de uno mismo, y de las propias capacidades y limitaciones.
La contratación de nuestra posible respuesta, contra nuestro sistema de valores y su priorización.
La imaginación.
La capacidad para elegir con libertad.

La calidad de nuestras decisiones estará en función del grado de desarrollo que hayamos alcanzado de estas cuatro facultades, Ahora viene lo mejor cuanto me dirán”Yo ya las tengo desarrolladas” o ¿Como puedo desarrollarlas?, pues el propio Covey en su libro no va marcando las pautas.