Es momento de empatia.

Tanto en el ámbito personal como profesional siempre tenemos en mente la empatía, a excepción de cuando la necesitamos, que por regla general es en las situaciones más críticas, que es cuando se nos olvida hacer uso de ella.
En la actividad profesional las consecuencias de esta actitud pueden resultar desastrosas para nuestros intereses, ya que los resultados que se pueden obtener en negociaciones tensas al final pueden resultar muy dispares de los objetivos iniciales previstos si no utilizamos convenientemente la empatía.

En este tipo de situaciones lo más usual es acabar envuelto en lo que uno necesita o pretende obviando el resto del entorno. Al final, si uno está frustrado muestra su frustración; si está enojado, acaba por mostrar su enojo, etc.
Aunque es fácil decirlo, y sea lo que menos apetezca en ese momento, la reacción ideal es preguntarse qué le está pasando a nuestro interlocutor. Conocer las necesidades de los otros nos permite, por un lado, definir las barreras que nos separan, por otro, evitar emociones improductivas y encontrar las vías para poder ayudar a tus empleados y compañeros. De este modo, es más probable encontrar los medios para que las respectivas necesidades puedan ser satisfechas.

¿Se deben mostrar los sentimientos en el trabajo?

Detrás de cada trabajador hay una persona, y detrás de esta una vida con sus penas y sus alegrías, que inciden en nuestro estado de ánimo y que a veces es difícil ocultar en nuestro lugar de trabajo, pudiendo interferir en la relación profesional y en la apreciación que nuestros superiores y nuestros compañeros se formen sobre nosotros.
En todas las empresas, sobre todo en las más pequeñas dónde difícilmente se puede delimitar la relación personal y la profesional, mostrar nuestros sentimientos tiene grandes repercusiones. Con ello, no quiero decir que nunca se deban mostrar los sentimientos en el trabajo, pero sí que hay que esforzarse por saber cómo se comunican y las posibles consecuencias que ello tiene.

Pongamos un ejemplo de un acontecimiento con respuesta positiva y otro con negativa:
1. Estímulos positivos

Pensemos por un momento que acontece un estímulo positivo como puede ser la superación de una certificación profesional o la compra de una nueva casa en el litoral, obviamente, nos sentiremos felices en ambos casos, pero mientras que en el primer ejemplo nos permitirá que nuestros compañeros reconozcan nuestro esfuerzo, algo muy positivo, en el segundo caso, es muy posible que la apreciación se haga en otro sentido, con sospechas del tipo: ¿le habrán subido el sueldo? ¿cómo la habrá comprado? ¿cuánto le habrá costado la casa? que siempre son indeseables. Sigue leyendo “¿Se deben mostrar los sentimientos en el trabajo?”

Cómo vestirse para ir al trabajo

A continuación, cinco cosas que jamás deben ser parte de su vestimenta de oficina.

1.Prendas que no le queden: mientras que las prendas súper ajustadas podrían ser la metida de pata más obvia, vestir prendas muy grandes es igualmente inadecuado. Esta regla es especialmente importante para los hombres, ya que incluso los trajes más costosos lucirán más desaliñados que afables si no les quedan bien. ¿No posee grandes cantidades de dinero para gastar en nuevos trajes? Lleve los que tiene a un sastre.

2. Ropa que enseñe demasiado las piernas: para las mujeres, esto significa no usar faldas cortas. Éstas hacen que sus piernas llamen la atención. ¿Es allí donde quiere que la gente mire? En cuanto a los hombres, los calcetines cortos o los que se caen exponen la piel y las piernas velludas cuando éstos se sientan o cruzan sus piernas. No es usualmente una vista agradable.

3. El escote: las damas deben asegurarse de que sus vestimentas pasen la prueba del “viernes por la noche”. Es mejor no usar en la oficina cualquier top que usarían un viernes por la noche. Lo sexy no es un look corporativo. Los tops de corte bajo que exponen el escote hacen llamar la atención a esta parte del cuerpo y no son apropiados para la oficina.

4. Demasiados colores llamativos: usar un traje demasiado colorido en la oficina no es una decisión sabia. Si usted es un caballero y quiere añadir algo de interés a su traje, hágalo con una corbata colorida o bolsillo a cuadros. Las damas pueden hacer lo mismo con accesorios brillantes, bufandas o zapatos.

5.        Una vestimenta excesivamente casual: aunque muchas oficinas están adoptando códigos de vestimenta casual, una atmosfera relajada no debería ser vista como un pase libre a la ciudad de las piyamas. También son inapropiados: los monos/ropa de gimnasio, la ropa que está manchada o rasgada, o cualquier cosa con personajes de las tiras cómicas, destinos de vacaciones, etc. Los jeans están bien, siempre y cuando su apariencia sea pulcra. Piense en tela de jean oscura, botones abajo y zapatos que no sean de lona.

Fuente: Desarrollo personal http://www.theworkbuzz.com/career-advice/your-work-wardrobe/#more-7329