El efecto Halo en las valoraciones de personal

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La valoración del personal puede entenderse como un hecho subjetivo mediante el cual nos hacemos una idea sobre los trabajadores. Esto influye indirectamente en la confianza y desarrollo profesional de los empleados en forma de refuerzo positivo o negativo. Es, generalmente, un proceso automático que se realiza sin la necesidad de una base empírica pues se basa en gran parte en la expectativa.
El intento por objetivar esta valoración mediante pruebas parametrizadas es una forma de luchar contra la valoración subjetiva no probada, que resulta injusta con todas las partes, pero la realidad es que ni está carente de errores ni es capaz de anular el efecto Halo.
Este efecto fue acuñado por Thowndike en 1920 mediante sus investigaciones en el ejército al descubrir cómo una cualidad especialmente positiva o negativa percibida por los oficiales podía cambiar la idea que tenían sobre sus superiores.
Lo normal es estudiar este fenómeno de forma ascendente en escalas organizacionales, es decir, sobrevalorar o infravalorar a un superior, pero quiero hablar sobre esto de otra manera menos estructural pues es un hecho que realmente no está ligado a escalas ni a objetos concretos.
La “superioridad” no es una mera posición “jerárquica” sino unos valores de liderazgo y/o utilidad cuya percepción puede convertir a cualquiera en un líder, Key-worker o todo lo contrario. Esto significa que cuando un director de empresa valora a sus empleados pueden existir algunas personas que cuenten con una valoración más allá de las pruebas empíricas y de esa estructura que se le haya querido dar a la empresa.
Esta distorsión cognitiva resulta difícil de combatir y tiene cierta relación con esa frase popular que dice que “la primera impresión es la que cuenta”. En el momento en que una relación laboral comienza se están plantando las semillas del futuro y podemos cometer errores de valoración por comienzo malo o extraodinario.

El caso de Luis (ficticio)

Luis tenía un aspecto extraño. Siempre lucía una expresión bobalicona que le hacía parecer estar continuamente en las nubes sobretodo cuando se centraba en su trabajo. Se le abría la boca y se evadía de su alrededor por lo que muchas veces no respondía a la primera cuando se le llamaba. Desde el primer día que pisó la oficina todos le miraron extrañados pensando por qué se había contratado a una persona tan inútil.
La gente había empezado a valorarle consciente e insconcientemente y aunque su capacidad estaba por encima de la media la gente fortaleció la tesis de su ineptitud centrándose en los errores que cometía. No solo sus compañeros cayeron en este error sino que cuando se necesitó un experto para ser ascendido no se valoró de igual modo a todos.
Luis no desprendía la confianza necesaria aunque superó todas las pruebas que se realizaron entre las personas del departamento y todo por una percepción y los posteriores refuerzos.

El nacimiento del efecto Halo
El caso de Luis puede parecer algo extremo, pero no debemos subestimar el poder de ese misterioso Halo. Para que nazca este efecto parece imperativa la existencia de una expectativa que luego sea reforzada por hechos aislados.La creación podría seguir este patrón (según mi humilde opinión):

  1. En la entrevista de trabajo se valorar actitudes positivas y negativas y se crea una expectativa sobre el futuro empleado y sus posibilidades.
  2. Los primeros días de trabajo los compañeros realizan la misma valoración cuyos resultados pueden ser diferentes.
  3. En base a estas expectativas cruzadas pueden existir hechos negativos o positivos que refuercen las tesis.
  4. Estos hechos aislados pueden afianzar el Halo llegando a valorar a una persona en base a suposiciones.
  1. El Halo puede afectar a las relaciones laborales y a la confianza que se tenga sobre un trabajador.

Aún existiendo pruebas objetivas siempre prima la valoración subjetiva de los resultados. Lo mismo que le pasó a Luis podía haber sucedido al contrario. Se puede valorar a un empleado por encima de sus capacidades reales por un hecho concreto que confirmaba las expectativas subjetivas que se habían realizado sobre él.
Mucha culpa la tiene el pensamiento simplificado sobre las cosas. Para luchar contra este efecto tenemos que abrir la mente y querer ver los matices que definen a un profesional… y a una persona.

Un ejemplo del efecto halo en un video donde el lenguaje corporal se manifiesta a través de los sentidos llegando a nuestros receptores y escapando el mensaje a otros que nos lo llegan a percibir dichos mensajes.