Ocho horas, toda la vida

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Hace días en el díario Expansión publicó una entrevista al presidente de Adecco, Enrique Sánchez, en la que hacía un breve análisis acerca de la reforma laboral, el posicionamiento de los sindicatos y el papel de las empresas de trabajo temporal (ETT). El planteamiento que presenta con respecto a los dos primeros no puede ser más acertado. Con respecto al tercer punto, simplemente, discrepo.
De la entrevista hay varios puntos que merecen ser mencionados por el oportuno análisis que realiza, pero en particular, hay un punto que realmente es bastante acertado. La percepción que se tiene en España de lo que se considera un buen trabajo no puede ser más errática, en palabras del propio Enrique Sánchez que dice
en que el único trabajo bueno es el que dura ocho horas y toda la vida”

Realmente, esta concepción atávica del concepto de trabajo es sumamente perjudicial, ya que promueve el acomandamiento y perjudica a nuestra competitividad en comparación con aquellos países con quienes tenemos que competir en estas lides y que muestran un mayor grado de flexibilidad y movilidad respecto a la mano de obra española, como es el caso de Holanda, Francia, Alemania, etc.
Muchos de nosotros nos sentimos francamente orgullosos por el estado del bienestar que gracias al esfuerzo de nuestros abuelos, y sobre todo de nuestros padres, hemos logrado alcanzar en España. Al mismo tiempo, somos muchos, a quienes nos inerva y frustra ver como en los últimos años el sistema se ha degradado por su abuso continuo y sistemático. Como es el hecho del establecimiento de subsidios injustificados y propagandísticos (cheque-bebe, subsidio de desempleo, etc).
En la entrevista se hace mención a la actitud de los sindicatos, entidades que desde mi perspectiva están en una situación de total decadencia como lo muestra el plantemiento obsoleto, trasnochado y absolutamente alejado de la realidad que exhiben en sus acciones y manifestaciones y que Enrique Sánchez resume perfectamente en esta frase
Los sindicatos hablan cuatro de cada cinco veces de subsidios y una o ninguna en qué hacer para que un trabajador tenga empleo mañana
Promover una sociedad basada en la cultura del subsidio no puede ser más contraproducente a medio plazo. Por un lado, fomenta el conformismo, tener lo suficiente para subsistir es lo necesario para sentirse satisfecho. Además, incentiva el acomodamiento, la gente no encuentra un estímulo para formarse en aquel conocimiento práctico (tecnologías de la información o idiomas) que le permitan ser atractivo al mercado, porque no lo contempla como algo necesario o prioritario.
Una sociedad moderna, como pretende ser la española, necesita que la gente quiera emprender, que tenga afán de superación y quiera asumir riesgos. La cultura del subsidio socava la actitud emprendedora y promociona una actitud conservadora y de aversión al riesgo. De este modo, nadie quiere arriesgar para alcanzar sus objetivos porque resulta más conveniente disfrutar de un subsidio o esperar a recibir el socorro de una subvención para afrontar con dinero público el riesgo que conlleva el emprendimiento. Esta última opción, aún siendo mala, es bastante mejor que la primera ya que permite llevar a cabo inciativas productivas, pero en la actualidad, todos los recursos se destinan al subsidio y apenas nada a la subvención.
Este planteamiento, que en la actualidad es el que se propone para la sociedad española, no puede resultar más negativo, pues se basa en la discriminación, en este caso positiva, lo que provoca una sociedad cada vez más sesgada y menos igualitaria, y favorece el desencuentro entre los diferentes ámbitos sociales. Todo lo contrario de lo en estos momentos se necesita.