El proceso de la innovación

La innovación es necesaria para la supervivencia de la empresa. Esta innovación ha de ser un proceso natural y sistemático en nuestra organización y debe estar orientada a crear valor. La innovación no es sólo competencia de un departamento de la empresa, toda la organización debe involucrarse en ello, gerencia, administración, ventas, producción, etc.
Tan importante como la innovación en sí, es el conseguir un procedimiento para llevarla a cabo e introducirlo en nuestra organización. Esta sistematización de la innovación ha de hacerse teniendo en cuenta las fases que componen el proceso de la innovación.

Todo proceso de innovación parte de la identificación de las necesidades latentes, debemos clarificar en qué tenemos que innovar, un nuevo producto o servicio, o un nuevo modelo organizativo en la empresa, o un cambio tecnológico en el proceso productivo, etc. Esa necesidad puede venir dada, entre otros, por la exigencia de los clientes, por nuestros competidores, una nueva estrategia comercial.
Una vez que hemos identificado las necesidades, pasamos a la etapa de generación de ideas o conceptos. La técnica más común para llevar a cabo esta fase es el “brainstorming” o tormenta de ideas. Se trata de producir el mayor número de ideas en el menor tiempo posible, de la cantidad sale la calidad, por lo que no debemos poner barreras al pensamiento de los participantes ni valorar ni descartar ninguna idea por absurda que parezca.
A partir de aquí debemos hacer una evaluación de las ideas generadas, aquí si debemos valorar todas las ideas, ordenarlas de más a menos importantes y agruparlas en base a las necesidades detectadas al inicio. Debemos definir una serie de criterios de valoración para los grupos de ideas resultantes, esos criterios pueden ser, por ejemplo, coste de implementación, rentabilidad, dificultad técnica de su desarrollo, … Una vez definidos los criterios, debemos ir analizando los grupos de ideas bajo cada uno de estos criterios.
Es en esa fase donde debe de parecer el aspecto crítico de los participantes en el proceso. Hay incluso modelos matemáticos que pueden ayudar a la hora de valorar estas ideas, pero utilzemos un modelo standard o no al final de esta fase, debemos quedarnos con dos o tres iniciativas que, en opinión de la mayoría, pueden suponer la mejor solución a esas necesidades identificadas en el paso primero. Con esas dos o tres iniciativas resultantes, haremos la elección final del nuevo producto, procedimiento de elaboración, servicio, modelo organizativo o cualquier otro elemento que supone para nuestra empresa la innovación necesaria.
Una vez decidida la innovación a desarrollar, se llevará a cabo el procedimiento final que será el trabajo de diseño de prototipo, si lo hubiera, y la implementación final y aplicación del elemento innovador.
Como reflejábamos anteriormente, lo importante es la implicación de toda la organización, tanto en la generación como en el análisis de las ideas resultantes, así como naturalidad del proceso. La innovación ha de existir en la organización como algo normal e inherente a la empresa como la fabricación , la distribución o la venta.

Gestión del tiempo

Muchas veces hablamos de optimizar recursos, de optimizar procesos, de ser más productivos, de ser más eficientes y de ser más competitivos, muchas veces hablamos de todo ello y entre otros muchos factores en muchas ocasiones podríamos resumir todo ello en unos pocos pasos a dar, uno de ellos y quizá de los más importantes en saber gestionar el tiempo, nuestro tiempo.
En la actualidad probablemente existirán muy pocas cosas que tengan tanto valor como nuestro propio tiempo, esa famosa frase de “el tiempo es oro” en el presente tiene mayor vigencia que nunca, y es que saber gestionarlo adecuadamente puede hacernos ganar mucho dinero, y lo contrario perderlo.

Hay personas que parece, que de forma innata han nacido con un cronometro interior, con una capacidad de organización y una férrea y disciplinada actividad que no se saltan de ninguna de las maneras, otras al contrario, parecen que han nacido díscolas genéticamente, que no saben organizar ni gestionar su tiempo, y que siempre llegan tarde a todos los lugares y van con el corazón en un puño entregando sobre la campana los trabajos, y luego nos encontramos “los otros”, la tercera vía, los que estamos en el primer grupo mencionado pero no precisamente porque nos salga de forma natural, sino porque vivimos permanentemente en un estado de autoimposición y nuestra agenda como símbolo bandera.
Yo, personalmente me considero de este ultimo grupo, pero he de reconocer que toda la disciplina y lo estricto que me impongo, no me sería posible sin una buena agenda, para mi casi un apéndice de mi cuerpo, apéndice que he convertido en imprescindible, en muchas ocasiones bordeando lo neurótico y lo obsesivo siendo incapaz de organizarme o de encontrar un encuentro o una tarea básica si antes no esta en la agenda, y un apéndice que se ha ido transformando y volviendo más tecnológico con el paso de los tiempos.
¿Y porque digo todo esto?, porque quiero manifestar al empresario y al autónomo la importancia de la gestión adecuada del tiempo. Y también quiero intentar transmitir que si nos encontramos en esa tercera vía que mencionaba, hemos de intentar cada vez más funcionar de una forma más autónoma y menos obsesiva y menos dependiente de la agenda (es esa fase me encuentro yo en la actualidad), pues de desmandarse nuestra dependencia por el control del tiempo, puede degenerar en una desorganización por exceso de organización, por exceso de control, y eso probablemente aun es más peligroso que el desorganizadamente organizado, que el caótico organizado.