Tu tiempo vale dinero: planifícalo

¿Cuántas veces nos quejamos de que el tiempo no nos llega a nada? Trabajamos sin descanso pero lo cierto es que malgastamos mucho esfuerzo por falta de planificación.
Seguir unas pautas básicas pueden mejorar notablemente nuestro rendimiento de la jornada laboral:

  1. El planning escrito: Planifica la jornada y trata de cumplirla. Muchas veces será imposible lograrlo pero no te desanimes si al principio no eres capaz de lograrlo. Con el tiempo mejorarás el rendimiento. Un buen planning debe incluir la realización de ciertas rutinas a determinadas horas como por ejemplo el café o el almuerzo. También es importante ponerte hora para irte a casa. Si trabajas sin hora límite dispersarás el esfuerzo y rendirás menos. No te olvides de escribir el planning porque de esta forma podrás comprobar al final del día el grado de cumplimiento de las tareas. Además, si te tomas la molestia de escribirlo es más fácil reafirmarte en tu determinación de llevarlo a cabo.
  1. El móvil: Gracias a la agenda de contactos sabes quien llama en todo momento. Contestar o no es tu decisión sobre todo cuando estás concentrado en una tarea importante y atenderla puede ser la diferencia entre acabarla o no. La mayoría de las llamadas no son urgentes y quien llama dejará mensaje. Como criterio puedes contestar a las que insisten (para cubrir las llamadas que realmente son urgentes) y fijar una franja horaria para devolver las demás (pero no las dejes para última hora pues si precisas realizar alguna gestión es posible que alargues tu jornada laboral).
  1. El email: ¿Cuántas veces consultas el correo al día? Los correos pueden clasificarse en dos categorías: los intrascendentes y los trascendentes no urgentes (para las urgencias ya está el móvil). Por tanto lo normal es que no requieran atención inmediata. Puedes leerlos y contestarlos al final de la jornada.
  1. Las visitas no deseadas: No es de buena educación presentarse en una casa sin avisar y tampoco lo es en un lugar de trabajo a menos que se trate de algo realmente importante. Quienes se presentan sin invitación o cita deben saber que esta forma de proceder altera tu planning de trabajo cuidadosamente planificado. No dejes que se convierta en una costumbre para ellos. Sé firme pero educado a la hora de decirles que la próxima vez deben llamar antes de ir.

Organiza tu tiempo

Eres autónomo. Tu tiempo es, por tanto, tu bien más valioso.
¿Estás seguro de estar optimizándolo?
La desorganización o la mala organización de tu tiempo implica por un lado acabar dedicándole más horas a tu trabajo de las realmente necesarias para que éste resulte realmente productivo, y por otro aumentar tu nivel de estrés y cansancio.
Con dedicarle tan sólo unos minutos al día para organizar planificar nuestra jornada, actividades y prioridades conseguiremos optimizar el tiempo que dediquemos a nuestra actividad y obtendremos mejores resultados y más tiempo libre.
Os daremos unos pequeños consejos que posiblemente servirán a aquellos que no estéis acostumbrados a planificar vuestras tareas. Seguro que, con un poquito de constancia, en pocos días notaréis los resultados.

Estableced vuestras prioridades. No todos los clientes van a reportaros los mismos beneficios, ni todas vuestras acciones tienen la misma urgencia. Debéis aprender a priorizar. Cuando hagáis vuestra lista de tareas pendientes, tomaos un tiempo en asignarle un orden de importancia y sobre todo no lo modifiquéis. La primera idea es la buena. Al principio os puede costar un poco, pero tened paciencia, y pronto veréis que es muy sencillo.
Planificad vuestras tareas el día anterior. Para ellos, utilizad una agenda. No tiene que ser una PDA último modelo. Puede servir la agenda del Outlook, la de Google, o simplemente una agenda de las de toda la vida, a ser posible de día por página. Anotad en ella
el día anterior vuestras citas, las actividades que tenéis que realizar, los clientes que tenéis que llamar o visitar, incluso los emails que debáis enviar. Con el tiempo, incluso, podréis llegar a establecer una duración aproximada para su desempeño.
Aprended a decir que no. Creo que fue Marlon Brando quien dijo que el mejor actor se le conoce no por los papeles que interpreta sino por los que rechaza. Esto es extrapolable a nuestra actividad profesional. No tenéis que aceptar todo el trabajo que os entre por la puerta. La sabiduría está en saber rechazar educadamente aquellas tareas que van a suponer un lastre en nuestro tiempo y no nos van a reportar beneficios considerables.
Intentad agrupar vuestras acciones. Seguid la Ley de Carlson: “Toda actividad interrumpida, es menos eficaz y consume más tiempo que si se realiza de manera continua”. Procurad evitar la dispersión en vuestras tareas, tanto en la funcionalidad como en la movilidad: así, por ejemplo, agrupad actividades similares para realizarlas una tras otra, para mantener al máximo vuestro grado de atención, puesto que al cambiar de tarea se pierde la concentración y hay que volver a situarse para iniciar la nueva; dedicad un mismo día sólo para visitar a los clientes de una misma zona geográfica, y aún diría más, para no estar perdiendo continuamente el tiempo en desplazamientos que, aun cuando necesarios, os hacen perder tiempo durante vuestra jornada.
Como veis, con un poquito de organización y dedicarle unos minutos al día a organizar nuestras actividades de forma que no vayamos haciendo las cosas “a salto de mata”, optimizaremos nuestro tiempo y recursos, y podremos hacer frente más fácilmente a aquellos imprevistos, urgencias, e interrupciones que siempre acaban surgiendo.
En definitiva, ser más ordenados y meticulosos gestionando nuestro tiempo nos llevará a obtener mejores resultados en nuestra actividad económica.