Prepara tus objetivos en treinta días. (I)

No vamos a engañar a nadie: cambiar un hábito o una rutina no es fácil. Requiere determinación, y contar con un plan meditado que incluye qué es lo que queremos cambiar, cuál es nuestra motivación para el cambio, prever los obstáculos y dificultades que podemos encontrar, etc. Y sin embargo, cambiar ese hábito, mejorar en ese otro aspecto, no es tan complicado si realmente te lo propones. ¿Quieres saber cómo? Vamos a descubrir una “infalible” receta de 10 pasos para poder cambiar, y cumplir con tus objetivos.

1. Haz una cosa a la vez

No es fácil cambiar un hábito que lleva arraigado en nuestra vida durante muchos años, por lo tanto, cuando hablamos de introducir ciertos cambios hemos de ser cautos. No tendremos éxito si lo que queremos es cambiar muchas cosas de golpe. En realidad funciona mucho mejor dar pequeños pasos, y centrar nuestros esfuerzos en un sólo cambio.

2. Empieza poco a poco

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Cuando se trata de abrazar nuevos estilos de vida, adquirir nuevas rutinas, o cambiar la forma en la que trabajamos, tendremos muchos mejores resultados si empezamos por pequeños cambios, aunque el objetivo sea mucho mayor. 

Si por ejemplo queremos tener para nosotros más tiempo disponible antes de ir a trabajar fracasaremos estrepitosamente si lo primero que hacemos es poner nuestro despertador a las seis de la mañana en vez de a las siete y media como estábamos acostumbrados a despertar.

En cambio, podemos dedicar un mes a despertarnos diez minutos antes de lo que solíamos hacer, el mes siguiente otros diez minutos antes, y así hasta que alcancemos nuestro objetivo, que no era otro que el de despertarnos una hora y media antes.

3. 30 días para cambiar un hábito

Algunos sostienen que si centramos toda nuestra energía y atención en el cambio que queremos conseguir, podremos conseguirlo en 30 días. Evidentemente, no hay ningún estudio serio que avale esta afirmación que se nos antoja más bien peregrina.

Sin embargo si recalca un elemento que es importante: fijarse fechas. Si en nuestro calendario (el de papel y el que está en nuestra cabeza) anotamos que para el 15 de marzo tenemos que tener terminado el nuevo sistema de archivo de nuestra empresa, y ponemos toda nuestra energía en ello, probablemente lo consigamos.

Al fijarnos unos límites, unas fechas con las que debemos cumplir, y no porque nos las imponen otros sino porque somos nosotros mismos los que nos las imponemos, estamos dando cuerda a nuestra motivación.

4. Escribe sobre el hábito que quieres cambiar

A muchas personas les ayuda llevar una especie de diario en el que puedan anotar los progresos que realizan con respecto su objetivo. Es importante, cuando hablamos de cambiar, realizar una evaluación periódica de los avances que estamos realizando, o de los obstáculos que nos están dificultando la tarea.

Cuando leemos nuestra evaluación (que podemos hacer por ejemplo una vez a la semana) tomamos conciencia de cuáles son nuestros puntos fuertes, en qué estamos fallando, y cómo podemos corregir nuestra conducta para mejorar nuestro rendimiento.

5. Una hoja de ruta

Si te has decidido a usar un cuaderno para evaluar tu progreso en pos de tu objetivo, también puedes aprovechar sus páginas para componer tu propia “hoja de ruta”.

Aprovecha para detallar cuáles son las razones por las que quieres cambiar, qué es lo que más te motiva sobre el cambio, prevé los obstáculos a los que te puedes enfrentar (tanto internos como externos), remarca tus puntos fuertes, y cuenta con las personas que te pueden ayudar.

Los avisos de confidencialidad en el correo electrónico

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En muchas empresas es habitual el uso de firmas en los mensajes de correo electrónico que incluyen advertencias del siguiente tipo:
“Este mensaje se dirige exclusivamente a su destinatario. Contiene información CONFIDENCIAL sometida a secreto profesional o cuya divulgación está prohibida por la ley. Si ha recibido este mensaje por error, debe saber que su lectura, copia y uso están prohibidos. Le rogamos que nos lo comunique inmediatamente por esta misma vía o por teléfono y proceda a su destrucción.”

¿Impresionante, no? Pues a parte de impresionar, parece que no sirven para otra cosa. Además de lo chocante que resulta recibir algo así acompañando a cierto tipo de mensajes, resulta que su utilidad como arma para evitar la divulgación de contenido confidencial es nula, ya que no podemos obligar al receptor a que acepte condiciones que le obliguen a cualquier cosa sin su conformidad previa.
Reconozco que yo los envío con los correos de mi empresa, pero visto lo visto, quizá tendríamos que plantearnos el dejar de hacerlo.
Por otro lado, profundizando un poco más sobre el tema, parece que ni los propios abogados se ponen de acuerdo, cosa bastante habitual en éste y otros asuntos, así que lo mejor será estar atentos y no equivocarnos con el destinatario, por si acaso.