Lo que Demóstenes te enseña sobre productividad

Vladimir Nabokov

Aunque siempre hablamos con cierta frecuencia sobre cómo podemos ser más productivos o qué métodos mejoran nuestra productividad, no es éste ni mucho menos un tema nuevo o que preocupe al ser humano desde hace pocos años.

Los mismos conceptos que mostramos en nuestros artículos han sido puestos en práctica por oradores como Demóstenes, escritores como Nabokov, o empresarios como Bill Gates. En este artículo queremos recoger precisamente eso, que “trucos” empleaban estos personajes famosos.

 

Escritores

Tarjetas y notas: El emplear notas y tarjetas siempre ha sido considerado un gran recurso a la hora de obtener una buena visión de conjunto sobre lo que queremos elaborar. Se dice que el autor de la inmortal “Lolita”, Vladimir Nabokov “sufría” una verdadera fascinación por este recurso y antes de escribir un capítulo, disponía sus tarejtas manuscritas de mil formas diferentes hasta que encontraba la “combinación correcta” y comenzaba a escribir el borrador definitivo.

Despacio y con buena letra: ¿Cuántas páginas debería escrbir al día un escritor que aspire al éxito? Aunque cada escritor tiene su propio método de trabajo, llama la atención notar como un coloso como Stephen King(cuyos libros no son precisamente cortos) afirma que no escribe más de 10 páginas por día, pero eso sí, escribe todos los días (incluyendo festivos, vacaciones, cumpleaños, etc). Cuando convertimos un hábito como parte de nuestra rutina, no importa si es “modesto”, siempre es efectivo.

Madrugar: El refranero español está llenó de refranes que alaban las bondades de despertarse pronto y no remolonear. Escritoras de gran éxito comercial como Mary Higgings ClarkSylvia Plath (1932-1963), se despertaban entre las 4 y las 5 de la mañana para empezar a escribir. Ambas afirman que es el único momento del día en el que tienen la suficiente tranquilidad y tiempo libre como para dedicarse a sus carreras de escritoras, y parece (según indican las ventas) que no les va del todo mal.

Inspiración: Muchas personas utilizan un pasaje de su libro favorito, o repasan un cita, como fuente de inspiración antes de comenzar a trabajar. Un grande las letras británicas como William Somerset Maugham tenía la sana costumbre de leer el “Cándido” de Voltaire antes de comenzar a escribir cualquier libro, y no es difícil encontrar muchos escritores españoles que se inspiran en clásicos antes de ponerse a trabajar.

Vladimir Nabokov

Hombres de negocios y emprendedores

Impulsividad: En el mundo de los negocios, si tienes una buena idea, necesitas moverte rápido, mucho más rápido que tu competencia. Según suele afirmar Bill Gates, “Cuando tienes una buena idea, tienes que ir a por ella”.

Conviértelo en algo personal: “La grandes empresas siempre van a intentar ‘machacar’ a las pequeñas start-ups. Para ganar a las grandes, tienes que usar las fortalezas de ser pequeño. Las grandes corporaciones son impersonales y los empleados no suelen pasar de ser un número más. Si eres una pyme, puedes conseguir que tus empleados estén orgullosos de trabajar para tí, y van a trabajar más duro para que la empresa tenga éxito, porque ellos también lo convertirán en algo personal” – Sir Richard Branson (propietario entre otras cosas de Virgin).

Trabaja duro ahora, recoge los beneficios después: Cualquier emprendedor puede decir atestiguar lo duros que son los primeros años al frente de una empresa, las horas “extra” que hay que dedicar y el esfuerzo añadido que uno espera compensar en un futuro.  Benjamin Franklin, uno de los científicos de los que los americanos se sienten más orgullosos, era conocido entre sus coetáneos por trabajar muchas más horas de lo que por aquel entonces se consideraba normal.  También tenía la sana costumbre de preguntarse cada mañana “¿Cuál es mi objetivo para hoy?” y al acostarse “¿He cumplido con mi objetivo de hoy?”.

Vladimir Nabokov

Pensadores y artistas

Posiciones extremas: El famoso arquitecto francés Bernard Tschumi de declara públicamente enemigo número 1 de la procrastinación y lo hace trabajando en lo que denomina “posiciones extremas”. Por un lado, disfruta trabajando bajo presión, cuando parece que no va a poder entregar su trabajo a tiempo y por otro, cuando parece que tiene todo el tiempo del mundo, hace un ejercicio de “dejar la mente en blanco” un estado en el que encuentra antes la inspiración.

Concentración, concentración, concentración: Demóstenes, el famoso filósofo y orador girego, tenía un método infalible para mantenerse concentrado y evitar la procrastinación. Antes comenzar a escribir un nuevo discurso, se rapaba al cero la mitad de su cabellera, de modo que al afoptar este aspecto tan ridículo, no se sintiese tentado a procrastinar y salir de su casa antes de terminar lo que tenía entre manos.

Victor Hugo por otro lado, utilizaba una estrategia muy similar. Obligaba a su sirviente a esconder su ropa hasta que hubiese cumplido con sus objetivos de escritura para ese día.

No pierdas de vista a tu competencia: El famoso dramaturgo noruego Henrik Ibsen, siempre trabajaba en un escritorio sobre cuya superficie descansaba un retrato de su archienemigo August Strindberg.

No te pases con la cafeína: El matemático Paul Erdös pasó los últimos 25 años de su vida trabajando una media de 19 horas diarias, con el objetivo de encontrar la “fórmula perfecta”. Para permanecer alerta, se suministraba dosis de entre 10 y 20 miligramos de Benzadrina o Ritalin (que combinaba con numerosos cafés). “Un matemático” solía decir “es una máquina que transforma cafés en teoremas”.

Descargar el estrés: El Príncipe Otto de Baviera (reinó desde 1886 hasta 1913) tenía una extraña costumbre para relajarse cada mañana: disparar a un campesino cada mañana. Afortunadamente dos de sus consejeros demostraron ser más juiciosos que él y mientras uno le proporcionaba un rifle cargado con balas de fogueo, el otro se disfrazaba de campesino y hacía creer al príncipe que había sido alcanzado.

Aunque desde MuyPymes desaconsejamos disparar a nadie para desestresarnos, seguramente jugar una partidas de nuestro FPS favorito para relajarnos de vez en cuando, nos puede venir bien.

Aplicar el movimiento slow al trabajo.

 

En un mundo que cada vez vive más acelerado, en el que se consume más y más deprisa, en el que se come más y más rápido, sin apreciar la calidad de los alimentos o disfrutar de una buena conversación mientras se toma un café, cada vez cobra más sentido el movimiento slow food.

Nacido en 1986 en contraposición de las entonces incipientes cadenas de restauración “fast food”, cada vez son más los locales en España se se apuntan a un movimiento que apuesta por la calidad frente a la cantidad. Te mostramos todas sus claves.

En 1989 Carlo Petrini, un por entonces famoso crítico gastronómico que había colaborado con la publicaciónGambero Rosso (la guía Michelin italiana), horrorizado por el pujante auge que por aquel entonces comenzaban a tener las cadenas de restauración fast food en el viejo continente, publica su manifiesto “Slow Food”, un documento de apenas una página de extensión en que se afirma: “la velocidad nos ha encadenado, todos somos somos presa del mismo virus: la ‘Fast-Life’, que conmociona nuestros hábitos, invade nuestros hogares, y nos obliga a nutrirnos con el “Fast-Food”.

Tras denunciar los males de la sociedad moderna que nos ha tocado vivir, el manifiesto conmina a una vuelta a los orígenes, a aprender a disfrutar de una buena comida, a tomarnos en definitiva, la vida con más calma: “Contrariamente a aquellos, que son los más, que confunden la eficiencia con el frenesí, proponemos como vacuna una adecuada porción de placeres sensuales asegurados, suministrados de tal modo que proporcionen un goce lento y prolongado”.

A partir de aquí, como suelen decir el manido tópico, el resto es historia. Petrini funda la Universidad de las Ciencias Gastronómicas, convirtiéndose en pocos años en todo un referente para el mundo de los estudios gastronómicos, extendiendo su influencia no sólo sobre los propios locales y sedes de la asociación (conocidas como Convivia), sino sobre una parte importante del mundo de la restauración que, sobre todo durante los últimos años, decide abrazar los principios slow. Pero ¿Cuáles son estos principios?

slow food

Principios Slow Food

Como comentábamos antes, la asociación de Petrini pone en práctica los principios slow tanto a través de su Universidad de Ciencias Gastronómicas (que organiza ferias alimentarias, organiza eventos para promocionar productos con Denominación de Origen, fomental la cultura de lo local, etc.) como en su nutrida red de centros Convivia (existen 800 centros en todo el mundo), locales en los que todos los interesados pueden disfrutar de una comida “a fuego lento”, sin prisas.

Además, cualquier restaurante, cafetería, local, etc. puede abrazar los principios del movimiento slow y ofrecer a sus clientes una experiencia que dista mucho de ese frenesí del que habábamos al principio del artículo. Pero veamos cuáles son exactamente estos principios:

1. Otorgar dignidad cultura tanto a la comida como a la alimentación (comer no es consumir, es alimentarse, es un hecho cultural).

2. Individualizar los productos alimenticios y las modalidades de producción ligados a un territorio, en una óptica de salvaguardia de la biodiversidad, promoviendo su categora protección en tanto que bienes culturales (refiriéndose en este punto a la promoción y valoración de los productos con Denominación de Origen).

3. Elevar la cultura alimentaria de la ciudadanía y, en particular, de las generaciones más jóvenes, con el objetivo de lograr la plena conciencia del derecho al placer y al gusto.

4. Promover la práctica de una calidad de vida distinta, basada en el respeto al ritmo y tiempo naturales, al ambiente y la salud de los consumidores, favoreciendo la fruición de aquellos que representen la máxima expresión cualitativa.

slow food

El movimiento Slow

Inspirado en los principios del Slow Food, en los últimos años hemos asistido al auge del movimiento slow, que traslada los principios de Petrini a otras áreas de actividad humana y empresarial.  El movimiento slow promueve calmar las actividades humanas, “tomar el control del tiempo, más que someterse a su tiranía” dando prioridad a las actividades que redundan en beneficio de las personas.

Plasmado por el autor francés Carl Honoré en su best-seller “Elogio de la lentitud” el movimiento slow puede aplicarse a cualquier ámbito de nuestra vida diaria (desde la educación hasta el sexo), y no son pocas las empresas que más allá de la alimentación procuran promocionar otra forma de entender la vida.

Existen por ejemplo un nutrido grupo de empresas alemanas que, adheridas al movimiento slow decidieron que la “actitud sin prisa” no significaba hacer menos, ni ser menos productivos, sino trabajar mejor sin ser esclavos del tiempo. Estas empresas redujeron su jornada laboral hasta las 10 horas semanales y curiosamente, la productividad de sus plantillas aumentó un 20%.

Y no hablamos precisamente de empresas “extrañas”. Sin ir más lejos IBM, una empresa poco sospechosa en todos los sentidos, fue pionera a la hora de adoptar una filosofía slow. Y es que principios como la flexibilidad laboral, la conciliación o el espacio para desarrollar proyectos personales que ahora parecen estar tan en boga en las memorias RSC de las empresas, eran completas desconocidas hace unos años.

En España, actores como la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) llevan años reclamando una jornada laboral sostenible, que deje de fomentarse el presentismo y que los trabajadores realmente puedan concilicar su vida profesional y laboral.

Los principios del movimiento slow suenan extraños para muchos que están convencidos de que por ejemplo, para salir de la crisis hay que trabajar más y ganar menos, pero…¿no será precisamente que la solución está en el extremo opuesto?

Los cinco elementos del liderazgo centrado

En estas páginas he hablado mucho de la importancia de los equipos y de su efectividad en los resultados de las empresas. Dentro de esto, la participación de los jefes es muy importante, aunque cuán importante es debatible. Si los jefes son líderes o solo están tendrá mucho que ver en los rendimientos de los trabajadores y, aunque es lo más fácil culpar a estos, se debería mirar mucho más en la dirección de la calidad de los jefes que a otras partes. Jefes centrados tienen impactos muy importantes en el desarrollo de la actividad de la empresa y de los trabajadores. El artículo vinculado nos analiza las características de los jefes y los elementos de lo que llaman el liderazgo centrado. En su análisis toman diversos enfoques de distintas disciplinas, como pueden ser el desarrollo de organizaciones, la biología evolutiva, la neurociencia y la psicología. Nos resumen los siguientes elementos del liderazgo centrado: Sentido; entendiendo sus fortalezas y poniéndolos a trabajar al servicio de los objetivos que te inspiran. Enfoque positivo; adoptando una visión del mundo positiva y constructiva y convertir situaciones difíciles en oportunidades. Conectar; buscando conexiones y vínculos para crear comunidades más fuertes, dentro y fuera. Interación; interactuando y perseguiendo las oportunidades ocultadas por los riesgos. Entusiasmar; buscando formas de desarrollar y mantener la energía de tu liderazgo. ¿Qué os parece, tenemos jefes centrados a nuestro alrededor? Por otra parte, ¿tenemos nosotros estas características, es decir, somos jefes centrados potenciales? Vía | McKinsey Quarterly (en inglés)

¿Nos encantan las reuniones de trabajo?

Casi todos odiamos las interminables reuniones de equipo, esos encuentros entre grupos de compañeros donde se habla mucho pero pocas veces se dice algo y que, en su gran mayoría, por el consumo del tiempo y sus pocos resultados patentes, has salido de ellas, cansado, frustrado y desanimado. No obstante, estas reuniones continúan y, como nos explica el artículo vinculado, hay razones secretas por qué nos gustan estos encuentros supuestamente inútiles.

La teoría de cómo asegurar un buen resultado de una reunión está bastante bien conocida por todo lo que se ha escrito, incluso en estas páginas, y en el artículo nos dan un buen resumen de unospasos que se deben seguir para maximizar el rendimiento de una reunión. Los pasos que nos resumen son los siguientes:

  • Tener claro lo que se quiere cumplir.
  • Invitar a los participantes correctos.
  • Envíar un resumen e información relevante por adelantado.
  • Establecer una agenda clara para la reunión y seguirla con disciplina.
  • Envíar un resumen de las decisiones principales de la reunión y los pasos a seguir.

Suenan muy bien pero la falta de cumplimiento de estos pasos por parte de los participantes suele resultar en el consumo de tiempo sin apenas resultados. No obstante, las protestas que se oyen en contra de estas reuniones fracasadas, hay razones por qué nos gustan y por qué queremos recibir esas invitaciones a estar presentes. Las tres razones por qué las reuniones gustan las resumen como:

  • Fomentan la interacción social.
  • Mantienen a todos informados.
  • Muchas veces ser invitado representan estatus.

Por todas estas ventajas psicológicas de las reuniones, parece que realmente nos gustan, aunque protestemos cuando nos las montan. Estaríamos bastante más molestos si vemos muchas reuniones y no nos invitaran a ninguna.

El teletrabajo: Utilidad o cultura.

Las Tecnologías de la Información (TIC) han traído grandes avances tanto al mundo empresarial, así como a la sociedad. Permitiendo entre otras cuestiones interactuar con otros compañeros, acceder a la información empresarial, comunicarse con clientes y proveedores, realizar tareas por control ‘remoto’, sin la necesidad de permanecer físicamente en el lugar de trabajo.

En la medida que ciertas restricciones tecnológicas y organizacionales se han ido superando, el número de personas que teletrabajan en el mundo ha ido creciendo de manera explosiva. A pesar de ello, hoy aquí queremos poner de manifiesto las restricciones de carácter cultural que el empresariado español pone encima de la mesa, para que una gran cantidad de personas que podría teletrabajar, finalmente no lo consiga.

De hecho, muchas empresas, organizaciones e instituciones de nuestro país no lo permiten, ¿porqué no? Pues la respuesta es sorprendentemente sencilla, por una cuestión cultural. Por algún motivo, el empresario ‘made in Spain’ ha crecido en un entorno, en el que por lo general, se valoraba y se valora mucho el que los trabajadores permanezcan muchas horas en su puesto de trabajo, cuestión que no lleva a un incremento del volumen de trabajo, ni mucho menos de la productividad, en muchos casos dilatando tareas que consumen menos tiempo.

El teletrabajo presenta grandes beneficios a la sociedad, como por ejemplo el poder hacer más llevaderas ciertas obligaciones familiares, o simplemente incrementar nuestra calidad de vida desempeñando nuestras obligaciones profesionales desde un lugar de residencia más cómodo para nosotros, por reunir ciertos condicionantes subjetivos que aumentan nuestro bienestar.

Los dos principales inconvenientes que han mostrado los empresarios y ‘jefes’ en contra de la implementación del teletrabajo en sus equipos son:

  • Posible relajación de los trabajadores, que les llevarían a producir menos al no sentir la presión de la oficina
  • Carencias de las ‘conference’ para el desarrollo de trabajos en equipo

Respecto a lo primero, los motivos no son ni mucho menos fundados, porque creo que las empresas pueden apreciar ciertos elementos objetivos como para evaluar si efectivamente se produce una merma en el rendimiento de sus trabajadores. Y respecto a lo segundo, hoy en día existen modelos muy avanzados para permitir una comunicación ‘real’, sin necesidad de permanecer en el puesto de trabajo.

Como podrán comprobar lo que se pierde es muy poco y mucho lo que se gana en cuanto a bienestar social, ¿porqué no se hace? Compartirán conmigo que es una cuestión meramente cultural.

Las nueve cosas que las personas exitosas hacen diferente

La revista, Harvard Business Review, nos analiza las cosas que personas exitosas hacen diferente y, ya que la actuación de nuestros jefes es importante, para la empresa y para nosotros mismos, es útil entender cómo son y cómo llegaron a donde están. Llegar a ser jefe no necesariamente es el destino automático para todo trabajador, aunque al gran porcentaje de españoles les gustaría llegar, suponiendo que consideras que la persona exitosa es el que llega a ser jefe.

Una forma de aprender es entender y asumir cómo actúan las personas exitosas y, con eso,establecer las bases para un camino personal más exitoso. Por eso me gustaron estas cosas, que explican en el artículo vinculado, son las siguientes:

  1. Ser específico.
  2. Toma las riendas para actuar sobre tus objetivos.
  3. Conoce exactamente cuánto queda para cumplir tus objetivos.
  4. Ser un optimista realista.
  5. Céntrate en mejorar, no sólo en ser bueno.
  6. Demuestra aguante.
  7. Desarrolla tu músculo de fuerza de voluntad.
  8. No tientes al destino.
  9. Enfócate en lo que vas a hacer, no en lo que no vas a hacer.

Ya se ha  de la necesidad de desarrollar habilidades de liderazgo, tanto para prepararse para crecer profesionalmente en el futuro como para entender y ayudar a nuestros jefes actuales.

¿Alguien reconoce a su jefe con estas pistas de personas exitosas? Por otra parte, ¿tenemos nosotros estas características, es decir, somos personas exitosas potenciales?

Vía | Harvard Business Review (en inglés)

¿Que es importante en un jefe?

 

Hay un estudio que me llamó la atención el alto número de trabajadores normales que todavía hay muchos trabajadores que no les gustaría un jefe mujer.

En la encuesta, también se preguntaba de lo que más buscamos de nuestro jefe, que es lo siguiente:

  • que potencie el trabajo en equipo (29%)
  • que tenga una comunicación fluida con sus empleados (25%)
  • que tenga buenos conocimientos (12%)
  • que disponga de capacidad para delegar (10%)
  • que tenga capacidad de liderazgo (10%)
  • que cuente con un buen sentido del humor (8%)

 

Lo que más llama la atención es que la experiencia del jefe en su puesto no es considerado como de lo más importante, con sólo el 6% diciendo que esto es importante.

Por conseguiente, la habilidad tampoco es lo que más se necesita para avanzar en las empresas.

En la encuesta también sale lo que menos gusta a los trabajadores de sus jefes, y lo que resaltan son los siguientes:

  • la falta de respeto (48%),
  • el abuso de autoridad (22%)
  • la prepotencia (16%)
  • la falta de comunicación con los empleados (10%)
  • que no delegue o que no tenga en cuenta las opiniones de su equipo (4%)

Una encuesta interesante.